Los cataphiles de las catacumbas de París

Catacumbas

Tan sólo un kilómetro y medio de las catacumbas de París, de los más de 300 con los que cuenta, está abierto al público. Un kilómetro escaso que intenta mostrar parte de la historia subterránea de esta preciosa ciudad. Un lugar que ha sido empleado durante siglos, alojando no solo huesos, también desempeñando un papel concreto en algunas ocasiones tales como durante la ocupación nazi, momento en el que estos túneles fueron usados por la resistencia francesa.

No obstante, a pesar de que oficialmente los recorridos por este laberinto de túneles funerarios tan sólo es posible hacerlos con guía, lo cierto es que desde hace años circula la teoría de que una sociedad “secreta” se introduce en los subsuelos de París recorriendo cada uno de los kilómetros de la misma.

Nos referimos a los Cataphiles, exploradores urbanos. Gente que ilegalmente accede a las catacumbas usando el lugar a su antojo. Viviendo la aventura de adentrarse en los peligrosos túneles, realizando reuniones secretas e incluso fiestas.

Toda esta teoría de los Cataphiles se perfilaría aproximadamente en 2004, momento en el que la policía encontró un auténtico cine, con equipos actuales, en los que una serie de individuos pasarían largas jornadas realizando actividades no determinadas.

El lugar fue precintado, cerrado y sus objetos requisados, pero lo cierto es que hoy por hoy siguen existiendo infinidad de accesos a las catacumbas por toda la ciudad. Lugares a través de los cuales estos Cataphiles se cuelan jugándose literalmente la vida, pues existen algunos tramos que se suelen inundar y en ocasiones no son raros los derrumbes en algunas zonas. ¿Por qué lo hacen? Aventura, secretismo, adrenalina… cualquier teoría es válida. Incluso hay gente que asegura que se trata de una sociedad secreta con fines oscuros.

Sea como sea las incursiones en las catacumbas han sido tan frecuentes que hoy por hoy suponen un delito; y es que desde el 2 de noviembre de 1955 la entrada no regulada ya era una falta penada. Hoy por hoy, si alguien osa entrar y es atrapado por las autoridades deberá pagar una multa de 100 euros.

Un recorrido un tanto extraño en el que es posible encontrar incluso verdaderas galerías de arte ocultas, en las que cientos de artistas callejeros dejan sus huellas en las paredes de la antigua mina de caliza.

Según cuentan, estos visitantes nocturnos deben cumplir tres normas básicas.

  • “Lo que viene abajo, tiene que volver arriba” Es decir, no pueden dejar ningún tipo de basura en las estancias por las que pasen. Algo que realmente denota un cierto sentido común.
  • “Nunca hablar de arriba” La gente que baja cuenta con nombres completamente falsos. Nadie tiene interés en saber que haces arriba, así que bajo la ciudad puedes tener una identidad nueva que nadie cuestionará.
  • “Nunca confíes en nadie” quizá la más importante. Teniendo en cuenta que se está realizando algo completamente ilegal, lo más sensato es intentar no confiar a nadie. Conocer una entrada o un camino determinado para salir del laberinto es información privilegiada y es mejor que no se extienda demasiado, pues la policía siempre está dispuesta a clausurar dichas entradas.

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Foto vía: Zoriah

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