El Canal de San Martín, paseo de enamorados

Canal de San Martin

Cogidos de la mano una tarde cualquiera, paseando junto al Sena y al arrullo melancólico del sol derramándose sobre el agua, no podemos por menos que asegurar firmemente que París es la ciudad de los enamorados. Romántica, evocadora, sugerente, la capital francesa tiene lugares y rincones que nos impregnan el corazón de detalles y sensaciones.

Uno de ellos es sin duda el Canal de San Martín, que comunica la dársena de la Villette con el Sena. Inaugurado en 1825 es uno de esos espacios por los que cada día pasan cientos de peatones, ciclistas y curiosos. A buen seguro que muchos parisinos se han enamorado o comprometido a lo largo de los más de cuatro kilómetros de este canal. Es imposible decir que no a una declaración de amor en este escenario.

Numerosos barcos de transporte y de recreo surcan las aguas del canal cada día. Desde ellos se observa un paisaje bucólico de castaños y plátanos centenarios. El tiempo transcurre lentamente sobre ellos, cubriendo el itinerario que comprende desde la Plaza de Stalingrado hasta la Bastilla.

Hay un lugar más bullicioso y turístico, menos romántico. Cientos de personas se agolpan a lo largo del día para ver el mecanismo de las esclusas. Otros se paran a contemplar a los artistas callejeros, o se sientan en los bancos para comer al aire libre, disfrutar del aire, las vistas… Hay quien también se asoma en las pasarelas metálicas para ver pasar los barcos o simplemente apreciar el sonido y el movimiento del agua.

Dos de los kilómetros del canal transcurren en un túnel que acaba en el Puerto del Arsenal. A la salida veremos en ambas orillas bares y restaurantes, pequeñas tiendas de colores y gente por todas partes. Dicen que aquí es donde París se relaja, donde viene a pasear y a comprar libros, a sentarse en la terraza de un café o a escuchar música en el pequeño quiosco del Jardín Villemin. Hay tumbonas y sombrillas en algunos de los cafés para los que ya buscan el relax de más alto nivel.

El Canal de San Martín no queda lejos de las grandes avenidas llenas de tráfico de la ciudad, nada distante de los monumentos más conocidos, esos en los que los flashes de las cámaras y la mezcolanza de idiomas son el pan de cada día. Sin embargo, parece un mundo diferente, alejado de cualquier rutina, un paseo de enamorados, cogidos de la mano, una tarde cualquiera.

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